Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —SÃ, hasta que ella salga —repuso el gascón.
—PedÃs demasiado, D’Artagnan —dijo Athos—; os he dado cuanto tenÃa, nada más me queda.
—A mà me parece que es lo más acertado —repuso Aramis—; de esta suerte, prevenimos a la vez a la reina y a lord Winter.
—SÃ, pero ¿quién llevará la carta a Tours y quién la carta a Londres?
—Yo respondo de Bazin —dijo Aramis.
—Y yo de Planchet —repuso D’Artagnan.
—La verdad es que nosotros no podemos abandonar el campamento, pero pueden hacerlo nuestros lacayos —profirió Porthos.
—Claro que sà —exclamó D’Artagnan—; hoy mismo escribimos las cartas, y damos dinero a Bazin y a Planchet para que se pongan en camino inmediatamente.
—¿Que les damos dinero? —exclamó Athos—. ¿Conque vosotros tenéis dinero?
Los cuatro amigos cruzaron una mirada, y por su frente, que por un instante se serenara, pasó una nube.
—¡Alerta! —gritó D’Artagnan—, allá abajo veo moverse puntos negros y puntos rojos; ¿qué decÃais de un regimiento, Athos? Se nos echa encima un verdadero ejército.