Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —SÃ, sÃ, la idea de Athos —exclamaron a una Aramis y D’Artagnan.
—Esa milady, esa mujer, esa criatura, ese demonio, tiene un cuñado, según me dijisteis vos, D’Artagnan, si mal no recuerdo.
—SÃ, y por cierto que le conozco mucho, y aun me atrevo a decir que no siente gran simpatÃa por su cuñada.
—No hay ningún mal en esto —respondió Athos—, y si la detestara, mejor.
—En este caso, estamos servidos a pedir de boca.
—Sin embargo —dijo Porthos—, querrÃa yo saber qué está haciendo Grimaud.
—¡Silencio, Porthos! —repuso Aramis.
—¿Cómo se llama el cuñado ese?
—Lord Winter.
—¿Dónde está ahora?
—En cuanto circularon los primeros rumores de guerra, se volvió a Londres.
—AhÃ, precisamente, el hombre que necesitamos —dijo Athos—, y al que nos conviene poner en antecedentes; le hacemos saber que su cuñada está próxima a asesinar a alguien, y le encargamos que no la pierda de vista. Presumo que en Londres hay algún local del estilo de las Madelonnettes o de las Arrepentidas, lord Winter hace enclaustrar en él a su cuñada, y quedamos en paz.