Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Nuestro gascón empleó todo el dÃa en pasear su nuevo uniforme por las calles del campamento.
Por la noche, a la hora estipulada, los cuatro amigos se reunieron para decidir las tres únicas cosas que no estaban aún resueltas, a saber: qué escribirÃan al cuñado de milady y qué a la avisada persona de Tours, y cuáles serÃan los lacayos que llevarÃan las cartas.
Cada uno de los cuatro amigos ofreció el suyo: Athos ponderó la discreción de Grimaud, que no hablaba más que cuando su amo le descosÃa la boca; Porthos elogió la fuerza de Mousqueton, que era suficiente para aporrear a cuatro hombres de complexión ordinaria; Aramis, que tenÃa gran confianza en la destreza de Bazin, hizo un pomposo elogio de su candidato, y, por último, D’Artagnan, que tenÃa fe ciega en el valor de Planchet, recordó la manera cómo se habÃa conducido este en el espinoso asunto de Boulogne.
Estas cuatro virtudes se disputaron largo tiempo el premio, y dieron ocasión a magnÃficos discursos, que suprimimos en gracia a la brevedad.
—Por desgracia —dijo Athos—, serÃa menester que aquel a quien enviásemos poseyese por sà solo las cuatro cualidades reunidas.
—Pero ¿dónde encontrar un lacayo semejante?
—No existe —respondió Athos—; ya lo sé. Tomad, pues, a Grimaud.