Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Tengo en mi poder la contestación —dijo el mozo a Athos y a sus amigos.
—Está bien —profirió Athos—, vayamos a vuestra tienda, y la leeremos.
D’Artagnan, a quien el billete le quemaba la mano, querÃa apresurarse; pero Athos le cogió el brazo y lo pasó bajo el suyo, y el mozo no tuvo más remedio que adaptar su marcha a la de su amigo.
Por fin entraron en la tienda, encendieron una lámpara, y mientras Planchet vigilaba a la puerta para que los cuatro amigos no se viesen sorprendidos, D’Artagnan rompió con mano temblorosa el sello y abrió la tan suspirada carta, la cual no contenÃa más que media lÃnea de escritura inglesa y de concisión espartana. DecÃa:
Thank you, be easy.
O lo que es lo mismo: «Gracias; estad tranquilo».
Athos tomó de manos de D’Artagnan el billete, lo aplicó a la llama de la lámpara, y no lo soltó hasta que hubo quedado reducido a cenizas. Luego llamó a Planchet, y le dijo:
—Puedes reclamar ahora las setecientas libras, por más que no arriesgabas mucho con un billete como ese.
—El que haya discurrido yo todo lo imaginable para esconderlo, no es pecado —contestó Planchet.