Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Lady Clarick calculó que para atravesar aquella porción de Francia y llegar hasta el cardenal, necesitaba emplear por lo menos tres dÃas, que, sumados al del desembarco, hacÃan cuatro, o sea, junto con los nueve invertidos ya en la navegación, trece dÃas perdidos, durante los cuales podÃan pasar en Londres mil acontecimientos importantes.
Milady, que calculó también que su regreso enfurecerÃa al cardenal, y que este, por lo tanto, estarÃa más dispuesto a escuchar las quejas que contra ella le dieran que no las acusaciones que ella le presentara contra los demás, dejó, pues, pasar Lorient y Brest, sin insistir al capitán, que, de su parte, se guardó de advertirla.
Continuó, pues, lady Clarick su ruta, y el dÃa mismo en que Planchet se embarcaba en Portsmouth para Francia, la mensajera de Richelieu entraba en el puerto.
En la ciudad reinaba un movimiento extraordinario; acababan de ser botadas al agua cuatro grandiosas naves recién construidas. En pie sobre la escollera, engalanado de oro, deslumbrante, según su costumbre, de pedrerÃa y de diamantes, y con el sombrero adornado con una pluma blanca que le caÃa hasta el hombro, estaba Buckingham, rodeado de un estado mayor casi tan rumboso como él.