Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Sin embargo, es lo más sencillo de este mundo —exclamó lord Winter—. ¿No visteis que el capitán de vuestro buque, al entrar en la rada, envió por delante y a fin de obtener su entrada en el puerto un pequeño bote portador de su cuaderno de bitácora y de su registro de la gente que llevaba a bordo? Pues bien, como yo soy capitán del puerto, me han traÃdo este libro, y al leer en él vuestro nombre, mi corazón me ha dicho lo que vuestra boca acaba de confirmarme, esto es, con qué fin os habÃais expuesto a los riesgos de una mar tan peligrosa o a lo menor tan fatigante en este instante, y he enviado mi cúter a vuestro encuentro. Lo demás ya lo sabéis.
—¿No era milord Buckingham el que he visto en el muelle esta tarde, al llegar? —profirió milady, más asustada aún al conocer que su cuñado mentÃa.
—El mismo; comprendo que su presencia os haya llamado la atención: venÃs de una tierra donde deben de ocuparse mucho en él, y me consta que sus armamentos contra Francia preocupan grandemente a vuestro amigo el cardenal.
—¡Mi amigo el cardenal! —exclamó milady, al ver que, respecto de este particular como del otro, su cuñado parecÃa estar instruido de todo.