Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Y aunque esto fuese un interrogatorio —replicó Richelieu—, ¿qué? Otros que no vos se han visto sujetos a ellos, y han respondido.
—Por eso he dicho a vuestra eminencia —repuso Athos— que no tenÃa más que preguntar, y que nosotros estábamos prontos a responder.
—¿Qué carta era esa que os disponÃais a leer y que habéis escondido, m. Aramis? —preguntó el cardenal.
—Una carta de mujer, monseñor.
—Comprendo —dijo Richelieu—, con esa clase de cartas uno debe ser discreto; sin embargo, uno puede mostrarlas a un confesor, y ya sabéis que yo he recibido órdenes.
—Monseñor —profirió Athos con calma tanto más terrible cuanto se jugaba la vida al dar tal respuesta—, la carta es de mujer, pero no ostenta la firma de Marion de Lorme, ni la de mm. D’Aiguillon.