Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Os servirán de esta suerte tres veces al dÃa, señora —dijo Felton, levantándose—. Por la mañana a las nueve, a la una de la tarde, y por la noche a la hora de hoy. Si esto no os acomoda, indicad vos misma las horas, y en este particular veréis cumplidos vuestros deseos.
—¡Qué! ¿Voy a permanecer siempre sola en este grande y triste aposento? —preguntó milady.
—Mañana estará en el castillo una mujer de las cercanÃas, y os hará compañÃa siempre que lo deseéis.
—Gracias, señor —respondió con humildad la presa.
Felton hizo un ligero saludo y se encaminó a la puerta; pero en el instante mismo en que iba a transponerla, lord Winter apareció en el corredor, seguido del soldado que le llevara la nueva del desmayo de milady y trayendo en la mano un pomo de sales.
—¿Qué ocurre? ¿Qué pasa aquÃ? —dijo el barón con voz burlona al ver en pie a la presa y a Felton próximo a salir—. ¿Conque ya ha resucitado la muerta? ¡Maldita sea! ¿Y tú no has visto, Felton, hijo mÃo, que te tomaban por un novato y estaban representando ante tus ojos el primer acto de una comedia que indudablemente tendremos el placer de seguir en todos sus desenvolvimientos?