Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros Felton escuchaba en silencio este diálogo. Milady reflexionó que cuanta más gente la rodeara a más gente tendrÃa que causar lástima y que en este caso lord Winter redoblarÃa su vigilancia, y, además, el médico podrÃa declarar que la enfermedad era fingida; no queriendo perder el segundo partido asà como habÃa perdido el primero, contestó:
—¡Ir por el médico! ¿Para qué? Esos señores declararon ayer que mi mal era pura comedia, y hoy sucederÃa lo mismo, pues han tenido tiempo sobrado de prevenir al doctor.
—Decid pues qué tratamiento o sistema de curación queréis seguir —profirió Felton con impaciencia.
—¿Lo sé yo por ventura? —exclamó milady—; padezco, y nada más; denme lo que se les antoje, poco me importa.
—Id a buscar a lord Winter —dijo Felton a uno de los guardianes, fatigado de aquellas interminables quejas.
—¡No! ¡No! —exclamó lady Clarick—; que no vayan por él, ya me siento bien, nada necesito.
Lanzó milady esta exclamación con vehemencia tan prodigiosa y elocuencia tan arrebatadora, que Felton, arrastrado por ella, se internó algunos pasos en el aposento.
Se ha acercado, dijo para sà milady.