Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Sin embargo, señora —repuso el teniente—, si en realidad os sentÃs mal, enviarán por un médico, y si nos engañáis, peor para vos, pero al menos nosotros no tendremos que echarnos nada en cara.
Milady guardó silencio; pero dejando caer su hermosa cabeza sobre la almohada, rompió en sollozos.
Felton la miró por un instante con su acostumbrada impasibilidad, y al ver que la crisis empezaba a prolongarse, salió seguido de la mujer.
Lord Winter no apareció.
—Tengo la impresión que empiezo a ver con claridad —murmuró milady con gozo salvaje y sepultándose entre las sábanas para esconder a los que pudieran espiarla aquel arranque de satisfacción interna.
Transcurrieron dos horas.
Ya es tiempo de que cese la enfermedad, dijo para sà milady. Levantémonos y veamos de conseguir alguna ventaja desde hoy; solo puedo disponer de diez dÃas, y esta noche ya habrán pasado dos.
Al entrar por la mañana en el aposento de milady, los guardianes le habÃan traÃdo el almuerzo; milady supuso que no tardarÃan en volver para levantar los manteles, y que en aquel momento verÃa nuevamente a Felton.
Lady Clarick no se equivocó; el teniente entró otra vez, y sin fijarse en si aquella habÃa comido o no, hizo señal de que se llevasen fuera del aposento la mesa, que solÃan traer servida.