Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Estoy en poder de mis enemigos —prosiguió milady con el entusiasmo que ella sabÃa que era familiar a los puritanos—. Pues bien, hacedme la merced de responder en mi nombre a lord Winter que mi Dios me salvará o moriré por mi Dios. En cuanto a este libro —añadió lady Clarick, mostrando el ritual con la punta del dedo, pero sin tocarlo, como si su contacto debiera mancharla—, podéis devolvéroslo y serviros vos mismo de él, pues sin duda sois doblemente cómplice de lord Winter, quiero decir cómplice en su persecución y cómplice en su herejÃa.
Felton, sin responder palabra, cogió el libro con la misma repugnancia que ya manifestara y se retiró, pensativo.
Lord Winter se presentó a eso de las cinco de la tarde en el aposento de milady, la cual, durante el dÃa, habÃa tenido tiempo de trazarse un plan de conducta. Asà pues, recibió al barón como mujer que ha reconquistado todas sus posiciones.
—Por lo que se ve habéis hecho una apostasÃa —dijo lord Winter, sentándose en un sillón frontero del que estaba milady y tendiendo con indolencia los pies hacia la lumbre.
—¿Qué queréis decir, caballero?
—Quiero decir que desde la última vez que nos hemos visto, habéis cambiado de religión. ¿Os habrÃais casado con un tercer marido protestante, por ventura?