Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —¡Qué estáis diciendo! ¡Oh! ¡No me habéis comprendido! ¿Vos creéis que, al hablar yo de ignominia, me refiero a un castigo cualquiera, a la prisión o a la muerte? ¡Dios lo quiera! ¡Qué me importan a mà la muerte o la prisión!
—Señora —profirió el joven—, ahora soy yo quien no os comprendo.
—O que fingÃs no comprenderme —contestó la presa con sonrisa de duda.
—Señora, por mi fe de cristiano os juro y por mi honra de soldado os garantizo que no os comprendo.
—¡Cómo! ¿Vos ignoráis los designios de lord Winter respecto de m�
—De todo punto.
—Es imposible, ¡vos, su confidente!
—Nunca miento, señora.
—Sin embargo, los oculta muy poco para que uno no los adivine.
—No intento adivinar nada, señora —repuso Felton—; aguardo a que me lo confÃen. Aparte de lo que me ha dicho ante vos, lord Winter no me ha confiado cosa alguna.
—Asà pues, ¿vos no sois su cómplice e ignoráis que me destina a un oprobio al que no igualarÃan en horror todos los castigos de la tierra? —exclamó milady con increÃble acento de verdad.