Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —¡Dios mÃo! —exclamó milady—, si os suplico que enviéis a ese hombre el castigo que merece, ya sabéis que no es para satisfacción de mi propia venganza, sino para rescate de todo un pueblo.
—¿Asà pues, lo conocéis? —preguntó Felton.
Por fin me interroga, dijo para sà milady, llena de gozo por haber llegado tan pronto a un resultado tan grande. Y, dirigiéndose al teniente, añadió:
—¡Que si lo conozco! ¡Oh, sÃ! Por mi desgracia, por mi eterna desventura.
Dichas estas palabras, milady se retorció los brazos como en el paroxismo del dolor.
Felton, que indudablemente sintió que le abandonaban las fuerzas, dio algunos pasos hacia la puerta; pero milady, que no lo perdÃa de vista, de un brinco se puso a su lado y lo detuvo, diciéndole: