Los Tres Mosqueteros
Los Tres Mosqueteros —Caballero, sed suficientemente bondadoso y clemente para escuchar mi ruego: el cuchillo que la fatal prudencia del barón me ha arrebatado, porque sabe el uso que yo quiero hacer de él… ¡Oh! Escuchadme, hasta el fin… El cuchillo ese, devolvédmelo, no sea sino por un minuto. Por favor, por caridad os lo pido, abrazada a vuestras rodillas. No es para revolverlo contra vos. ¡Contra vos! ¡Oh, Dios santo! ¡Contra vos, único ser bueno, justo y compasivo que he encontrado! ¡Contra vos, que quizá seáis mi salvador! ¡Oh!, proporcionadme ese cuchillo, solo por un minuto, por un minuto nada más, y os lo devolveré por el ventanillo. Por un solo minuto, m. Felton, y me habréis salvado la honra.
—¡Suicidaros! —exclamó el joven con terror, y olvidándose de apartar sus manos de las de la presa—. ¡Suicidaros!
—¡Ah! ¡He divulgado mi secreto! ¡Todo lo sabe! ¡Dios mÃo, estoy perdida! —dijo milady bajando la voz y dejándose caer rendida en el suelo.
Felton permanecÃa en pie, inmóvil e indeciso.
TodavÃa duda, dijo para sà milady, no he desempeñado con bastante verdad mi papel.
En esto se oyeron pasos en el corredor, y en ellos la presa conoció a lord Winter.
Felton lo conoció también y avanzó hacia la puerta.