Napoleon
Napoleon De 1817 es el Manuscrit venu de Sainte-Hélène de manière inconnue, que redactó Lullin de Châteauvieux, al que siguió, con una fortuna inmensa después de la muerte del emperador, la publicación en 1823 del Memorial de Santa Helena de Las Cases. Considerado este por Stendhal como la biblia de los jóvenes románticos, su versión se convirtió en un texto sagrado que inspiró a Musset, Nerval, Vigny o Hugo, quien, a partir de su famoso poema «A la columna», representará las simpatías de los bonapartistas[9].
Pero el culto a Napoleón no sólo arraigó en Francia, sino que traspasó sus fronteras. En la temprana fecha de 1827, se conoció la publicación de la Vida de Napoleón Bonaparte por Walter Scott, que tuvo un gran predicamento dentro y fuera de Inglaterra[10]. Precisamente fue a partir de entonces cuando el interés por el personaje atrajo la obra de historiadores que le dedicaron obras monumentales[11]. También el emperador ejerció en Alemania una gran fascinación entre los intelectuales. Considerado por Hegel como «el alma del mundo», Goethe no tuvo reparo en decir que su vida fue la de un «semidiós». Testigo de la Guerra de los Siete Años, de la emancipación de los Estados Unidos, de la Revolución Francesa y, finalmente, de la época napoleónica, nada vio semejante «hasta la muerte del héroe»[12].