Napoleon
Napoleon El espía cae en manos de una ronda nocturna, mandada por el ayudante de campo Dermoncourt y es conducido a presencia del general Dumas. En vano se le registra, pues no se le encuentra nada y ya van a dejarle en libertad, cuando por una de esas revelaciones del destino, el general Dumas adivina que el hombre se ha tragado los partes. El espía lo niega, mas al oír como el general Dumas ordena que se le fusile, confiesa la verdad. Entonces se le entrega al ayudante de campo Dermoncourt y por medio de un vomitivo que el cirujano mayor administra, se obtiene una bolita de cera de regulares dimensiones, en la cual se encierra la carta de Wurmser, escrita en pergamino con una pluma de cuervo. Esta carta da los más minuciosos detalles sobre las operaciones del ejército enemigo. Pronto es enviada a Bonaparte, quien sabe así que Quasdanovitch y Wurmser se han dividido: el primero marcha sobre Brescia y el segundo en dirección a Mantua: es el mismo error táctico que ha perdido ya a Provera y Argentau. Bonaparte deja diez mil hombres delante de la ciudad; se dirige con veinticinco mil al encuentro de Quasdanovitch, a quien rechaza hasta las gargantas del Tirol, después de batirle en Salo y en Lonato. Acto seguido se vuelve contra Wurmser, que adivina la derrota de su colega por la presencia del ejército que le ha vencido. Atacado con la impetuosidad francesa, es batido en Castiglione. En cinco días, los austriacos han perdido veinte mil hombres y cincuenta cañones; mas esta victoria ha dado tiempo a Quasdanovitch para rehacerse. Bonaparte vuelve contra él; le bate en San Marco, en Serravale y en Roveredo y después de los combates de Bassano, de Rimolano y de Cavalo, pone sitio por segunda vez a Mantua, donde Wurmser ha entrado con los restos de su ejército.