Napoleon
Napoleon Allí, mientras que se efectúan los preparativos del asalto, Bonaparte crea Estados a su alrededor, las repúblicas cispadana y transpadana, expulsa a los ingleses de Córcega, y posa su pesada mano de hierro a la vez sobre Génova, Venecia y la Santa Sede, a las cuales impide sublevarse. En medio de estas vastas operaciones políticas, recibe noticias de la llegada de un nuevo ejército imperial, conducido por Alvinzi; pero le persigue la fatalidad de todos los demás hombres cuando se enfrentan a Bonaporte, pues Alvinzi incurre en la misma falta cometida por sus predecesores. Divide su ejército en dos cuerpos, el uno compuesto de treinta mil hombres, que, conducidos por él, deben atravesar el Verones llegando luego a Mantua; y el otro, formado por quince mil que, bajo el mando de Davidovitch, se extenderá sobre el Adige. Bonaparte marcha contra Alvinzi, le alcanza en Arcole, lucha tres días en cruentas batallas cuerpo a cuerpo con él y no le deja retirarse hasta después de haberle matado cinco mil hombres en el campo de batalla, haciendo ocho mil prisioneros y apoderándose de treinta cañones. Después, palpitante aún por la lucha en Arcole, se precipita entre Davidovitch, que sale del Tirol, y Wurmser, que sale de Mantua. Rechaza al primero hasta sus montañas, obligando al otro a refugiarse en su ciudad. Recibe en su campo de batalla la noticia de que Alvinzi y Provera van a reunirse; derrota al primero en Rívoli, y por los combates de San Jorge y de la Favorita, reduce a Provera a entregar las armas. Desembarazado al fin de todos sus adversarios, vuelve hacia Mantua, la cerca, la oprime, la sofoca y le obliga a rendirse en el momento en que un quinto ejército, destacado de las reservas del Rin, avanza al mando del Archiduque. De ninguna afrenta puede escapar Austria, pues las derrotas de sus generales van a llegar hasta el trono. El 10 de marzo de 1797, el príncipe Carlos es batido en el paso del Tagliamento, y esta victoria abre los Estados de Venecia y las gargantas del Tirol. Los franceses avanzan a la carrera por la vía que tienen abierta; triunfan en Lavis, en Trasmis y en Clausen, entran en Trieste, se apoderan de Tarvis, de Gradisca y de Villach, se encarnizan en la persecución del Archiduque, al que abandonan para ocupar los caminos de la capital de Austria, y al fin llegan a estar a treinta leguas de Viena. Aquí, Bonaparte hace un alto para esperar a los parlamentarios. No ha transcurrido más de un año desde que salió de Niza y en este tiempo ha destruido seis ejércitos, ha tomado Alejandría, Turín, Milán y Mantua y ha plantado la bandera tricolor en los Alpes del Piamonte, de la Italia y del Tirol. Alrededor de él han comenzado a brillar los nombres de Masséna, de Augereau, de Jouber, de Marmont y de Berthier. ¡La legendaria pléyade se forma, los satélites giran alrededor de su astro y el cielo del Imperio se tachona de estrellas!