Napoleon
Napoleon Napoleón se detuvo en un altozano, a diez pasos de un arroyo que atraviesa el prado; y, volviéndose al general Bertrand y entregándole la brida del caballo, le dijo:
—He sido engañado; pero no importa, ¡en marcha!
Y diciendo esto, echa pie en tierra, cruza el arroyo, se encamina derecho al batallón, que continúa inmóvil y se detiene a veinte pasos de la línea justo en el momento en que el ayudante de campo del general Marchand saca la espada y manda hacer fuego.
—¿No me reconocéis, amigos míos? Soy vuestro Emperador. Si hay entre vosotros algún soldado que quiera matar a su general, aquí me tiene.