Napoleon
Napoleon Por desgracia para los planes de Napoleón: la persecución de los caballos, pasando como relámpagos por las calles de Vizille, ha revelado todo con su sola presencia. Por la mañana se había visto pasar al ayudante de campo a la cabeza de su batallón y poco tiempo después, se le ve de nuevo, esta vez, solo y perseguido como un traidor. Bastaba esto para que el pueblo supiera que era cierto que Napoleón había vuelto y se acercaba. Todos salen a la calle excitados; hasta que de pronto se atisba a lo lejos la columna bajando la cuesta de Lamure. Hombres, mujeres, niños y ancianos, todos corren a su encuentro; la ciudad entera rodea al Emperador antes de que pueda llegar a las puertas de la ciudad, en tanto que los campesinos bajan de las montañas saltando como cabras, y haciendo resonar de roca en roca el grito de: «¡Viva el Emperador!».
Napoleón decide descansar en Vizille, cuna de la libertad francesa. 1814 no ha traicionado el espíritu de 1789: el Emperador es recibido por una población ebria de júbilo. Pero Vizille es una ciudad sin puertas, sin murallas, sin guarnición; es preciso marchar a Grenoble y una parte de sus habitantes se une a la causa Napoleón.
A una legua de Vizille se ve en el camino un oficial de infantería que llega corriendo, todo cubierto de polvo a punto de caer de cansancio, como el griego de Maratón. Es portador de buenas nuevas.