Napoleon
Napoleon A eso de las dos de la tarde, el regimiento séptimo de infantería, mandado por el coronel Labédoyère, sale de Grenoble para avanzar contra el Emperador. Pero a media legua de la ciudad, el coronel, que iba a caballo a la cabeza de su regimiento, se vuelve de pronto y manda hacer alto. Un tambor del ejército mandado por Napoleón se le acerca y le entrega su caja; el coronel mete la mano en ella, saca un águila y alzándose sobre los estribos, para que todos le vean, exclama:
—Soldados: ésta es la enseña gloriosa que os guiaba en vuestras inmortales jornadas. El que tan a menudo nos condujo a la victoria avanza hacia nosotros para vengar nuestra humillación y nuestros reveses. Ya es tiempo de volar a cobijarnos bajo su bandera, que jamás ha cesado de ser la nuestra. Los que la amen que me sigan. ¡Viva el Emperador!
Todo el regimiento le sigue al punto.
El oficial ha querido ser el primero en llevar la noticia al Emperador y se ha adelantado con el caballo; pero el regimiento entero marcha tras él.