Napoleon
Napoleon En el camino de Bourgoin a Lion, Napoleón sabe que el duque de Orleans, el conde de Artois y el mariscal Macdonald quieren defender la ciudad y que se va a cortar el puente Morand y el de Guillotière. El Emperador se ríe de estas disposiciones que no cree que se lleven a cabo, porque conoce el patriotismo de los lioneses, y manda al cuarto de húsares que haga un reconocimiento de la situación en Guillotière. El regimiento es recibido a los gritos de «¡Viva el Emperador!», que llegan a los oídos de Napoleón. Éste, que les sigue a cosa de un cuarto de legua, marcha a galope, llegando solo y confiado cuando menos se le espera, en medio de aquella población cuya exaltación se convierte en locura con su sola presencia.
En el mismo instante, los soldados de los dos bandos se lanzan a las barricadas que los separan y trabajan con ahínco en deshacerlas. Al cuarto de hora, unos y otros se abrazan entusiasmados. El duque de Orléans y el general Macdonald se ven obligados a retirarse; el conde de Artois emprende la fuga, llevando por toda escolta un fiel voluntario que no le ha abandonado.
A las cinco de la tarde toda la guarnición corre al encuentro del Emperador.
Una hora después, el ejército toma posesión de la ciudad.
A las ocho, Napoleón hace su entrada en la segunda capital del reino.