Napoleon
Napoleon Esta carta, que propone una paz con el respeto más absoluto a la independencia de las demás naciones, llega a manos de los soberanos aliados en el momento en que se disponÃan a repartirse Europa. En esta gran trata y pública adjudicación de las almas, Rusia se apodera del gran ducado de Varsovia; Prusia devora una parte del reino de Sajonia, otra parte de Polonia, de Westfalia, de Franconia y cual inmensa serpiente cuya cola toca en Memel, aspira a llegar con su cabeza a Thionville, siguiendo la orilla izquierda del Rin; Austria reclama su Italia, tal cual estaba antes del tratado de Campo-Formio, asà como todo cuanto su águila de dos cabezas ha dejado desprenderse de sus garras después de los tratados sucesivos de Lunéville, de Presburgo y de Viena; el estatúder de Holanda, elevado al grado de rey, pide que se confirme la anexión a sus Estados hereditarios de Bélgica, del paÃs de Lieja y del ducado de Luxemburgo; en fin, el rey de Cerdeña solicita la reunión de Génova a su Estado continental, del que está separado hace más de quince años. Cada gran potencia quiere, como un león de mármol, tener bajo su garra, en lugar de una bola, un pequeño reino. Rusia tendrá Polonia, Prusia a Sajonia, España a Portugal, Austria a Italia, en cuanto a Inglaterra, que corre con el gasto de todas estas revoluciones, tendrá dos en lugar de uno, Holanda y Hanover.