Napoleon
Napoleon Desde luego, en todo momento, el biógrafo muestra un interés actual y presente por el pasado próximo, como si la repatriación de los restos del emperador hiciera más inmediata la presencia en la MonarquÃa de Julio de aquella época de grandeur. Precisamente al referirse a los doce mariscales nombrados por el emperador —en cuya designación «para nada entraron en su nombramiento el nacimiento y el favor»— dirá que aún, treinta y nueve años después, tres de ellos vivÃan en tiempos de Luis Felipe tres: «el primero —en la hora en que escribimos estas lÃneas— gobernador de los Inválidos; el segundo presidente del Consejo de ministros, y el tercero, rey de Suecia». En este caso el biógrafo no se resistirá al comentario: «Únicos y últimos restos de la pléyade imperial, los dos primeros se han mantenido a su altura y el tercero se ha engrandecido más».
Volviendo sobre la transición del Consulado al Imperio, que a los protagonistas de la Revolución de Julio podÃa sugerirles algunas coincidencias, el biógrafo Dumas sentencia categóricamente: «Todo habÃa concluido para la República a contar desde aquella hora: la Revolución se habÃa hecho hombre». Lo cual no quiere decir, sin embargo, que al biógrafo no le guste comparar al emperador, que es su héroe, con personajes de la Antigüedad como Cambises, Alejandro, AnÃbal o César, el conquistador de la Galia.