Napoleon
Napoleon Desde entonces la existencia de Napoleón no fue más que una lenta y penosa agonía, que duró sin embargo, cinco años. Por espacio de este tiempo, el moderno Prometeo permanece encadenado a la roca en la que Hudson Lowe le roe el corazón, Finalmente, el 20 de marzo de 1821, día del glorioso aniversario del regreso de Napoleón a París, sintió Napoleón desde por la mañana una fuerte opresión en el estómago y una especie de sofoco fatigoso en el pecho. Al poco apareció un dolor agudo en el epigastrio, en el hipocondrio izquierdo y se extendió por el lado del tórax hasta el hombro correspondiente. A pesar de los primeros remedios, la fiebre continuó, el abdomen se hizo doloroso al tacto y el estómago se hincho. A eso de las cinco de la tarde este estado empeoró, acompañado de un frío glacial, sobre todo en las extremidades inferiores, con continuos calambres. Como en aquel momento la señora Bertrand había ido a visitarle, Napoleón se esforzó por parecer menos abatido y hasta fingió alguna alegría, pero en breve predominó su predisposición melancólica.
—Hay que prepararse a la sentencia fatal; vos, Hortense, y yo, estamos destinados a encontrarla en esta miserable roca. Yo seré el primero, vos vendréis en seguida y Hortense os seguirá.
Luego añadió estos cuatro versos de Zaira:
Mais à revoir Paris je ne dois plus prétendre;