El suicidio
El suicidio No existirÃa impropiedad alguna en llamar imitación a la causa de la que resulta este estado, si se admitiera que la muchedumbre siempre se deja sugestionar. Pero, aparte de que esto no se ha probado jamás, lo contradicen multitud de sucesos en los que la sugestión es producto de la muchedumbre y no la causa que la crea. En todo caso, en la medida en que esta acción directiva es real, no guarda relación alguna con lo que se ha llamado la imitación recÃproca, puesto que es unilateral. Por consiguiente, no tenemos por qué hablar de ella por ahora. Debemos, ante todo, eliminar cuidadosamente las múltiples confusiones que han oscurecido la cuestión. Además, si se dijera que siempre que hay en una asamblea individuos que se adhieren a la opinión común no espontáneamente sino por imposición, se enunciarÃa una verdad incontestable. Creemos también que no habrá jamás, en semejante caso, conciencia individual que no sufra más o menos esta coacción. Pero, puesto que su origen es la fuerza sui generis que late tras las prácticas o creencias comunes cuando estas están muy arraigadas, se la podrÃa clasificar en la segunda de las categorÃas que hemos mencionado. Examinémosla y veamos en qué sentido cabe hablar de imitación.