El suicidio
El suicidio Desde luego, que un pueblo conciba la existencia de forma más o menos sombrÃa no basta para explicar la intensidad de su inclinación al suicidio. El cristiano no imagina su permanencia en esta tierra bajo un aspecto más risueño que el sectario de Jina. No ve en ella más que un periodo de pruebas dolorosas; también cree que su verdadera patria no es de este mundo y, sin embargo, se sabe qué aversión profesa e inspira al cristiano el suicidio. Ello se debe a que las comunidades cristianas conceden al individuo un lugar más destacado que las comunidades anteriores. Le asignan deberes personales que cumplir y le prohÃben eludirlos; del modo en que cumpla su misión aquà abajo depende que sea o no admitido a los goces del más allá, goces personales, como las obras que dan derecho a ellos. AsÃ, el individualismo moderado presente en el espÃritu del cristianismo le ha impedido favorecer el suicidio, a pesar de sus teorÃas sobre el hombre y su destino.