El suicidio
El suicidio En efecto, la religión ha perdido la mayor parte de su poder. El poder político, en vez de regular la vida económica, se ha convertido en su instrumento y su servidor. Escuelas enfrentadas, economistas ortodoxos y socialistas radicales maquinan para reducirlo al papel de intermediario, más o menos pasivo, entre las diferentes funciones sociales. Unos quieren convertirlo en un simple guardián de los contratos privados, los otros le asignan la tarea de llevar la contabilidad colectiva, es decir, de registrar las demandas de los consumidores, de transmitirlas a los productores, de inventariar la renta total y repartirla según una fórmula preestablecida. Pero unos y otros le niegan la capacidad de someter al resto de los organismos sociales y hacerlos converger hacia un fin dominante. De una y otra parte se proclama que el único y principal objetivo de las naciones debe ser prosperar industrialmente. Es lo que tiene el dogma del materialismo económico, que sirve de base a estos sistemas aparentemente opuestos. Y como estas teorías no hacen sino expresar el estado de opinión, la industria ha dejado de ser percibida como un medio cuyo fin está por encima de ella para convertirse en el fin supremo de los individuos y las sociedades. Sus apetitos se han desatado sin que los frene ninguna autoridad. La apoteosis del bienestar que los ha santificado los ha puesto por encima de toda ley humana. Parece que ponerles diques es una especie de sacrilegio. De ahí que ni la reglamentación puramente utilitaria que el mismo mundo industrial imponía a través de las corporaciones haya logrado mantenerse. Por último, este desencadenamiento de los deseos se ha visto agravado por el desarrollo mismo de la industria y la extensión casi indefinida del mercado. Cuando el productor sólo podía vender sus productos en la vecindad, sus módicas ganancias no podían alimentar mucho su ambición. Pero ahora que el mundo entero puede ser cliente suyo, ante unas perspectivas sin límites, ¿cómo aceptar las cortapisas a las pasiones de otros tiempos?