El suicidio
El suicidio Por alguna extraña razón, la revolución de 1789 abolió todas estas medidas represivas y suprimió el suicidio de la lista de los delitos tipificados. Pero las religiones prevalecientes en Francia siguen prohibiéndolo y castigándolo, y la moral común lo reprueba. Inspira, en la conciencia popular, una ajenidad que se extiende a los lugares donde el suicida ha llevado a cabo su acción y a todas las personas estrechamente unidas a él. Constituye una lacra moral, aunque la opinión pública parece mostrar una tendencia a ser más tolerante que en otros tiempos. El suicidio aún conserva algo de su antiguo carácter delictivo. Según la jurisprudencia más generalizada, el cómplice de suicidio es un homicida. No sería así si el suicidio fuera un acto moralmente indiferente.