El Matadero
El Matadero Echeverría escribió “El matadero” en el período en que el costumbrismo de Mariano José de Larra (Fígaro) era uno de los modelos más admirados por los escritores argentinos. No debe olvidarse, por otra parte, que la actitud antiespañola de los románticos del ’37 iba dirigido contra la “Vieja España”, la que representaba la tradición colonial y no contra la “Joven España”, liberal y romántica, de la cual Larra y Espronceda eran los principales exponentes. Los artículos de Alberdi en La Moda, firmados con el seudónimo Figarillo, y “Apología del matambre” de Echeverría son quizá –con algún otro texto de Gutiérrez– lo más significativo del costumbrismo rioplatense por ese entonces. Sin embargo, “El matadero”, si bien presenta rasgos costumbristas, como la ironía y lo pintoresco, supera este plano y se proyecta hacia una denuncia política y social[10]. Ello se desprende no sólo de los hechos expuestos por un narrador omnisciente, sino también por las opiniones directas que a lo largo del relato van intensificando la univocidad de un sentido (“y por el suceso anterior puede verse a las claras que el foco de la Federación estaba en el Matadero”). Literatura militante, con un esquema ideológico definido y destinada no sólo a conmover sino a convencer, a influir en la realidad.