La Cautiva
La Cautiva mira el astro de la luz;
descollando en una altura,
entre agreste flor y hierba,
hoy el caminante observa
una solitaria cruz.
Fórmale grata techumbre
la copa extensa y tupida
de un ombú[26] donde se anida
la altiva águila real;
y la varia muchedumbre
de aves que cría el desierto
se pone en ella a cubierto
del frío y sol estival.
Nadie sabe cúya mano
plantó aquel árbol benigno,
ni quién a su sombra, el signo
puso de la redención.
Cuando el cautivo cristiano
se acerca a aquellos lugares,
recordando sus hogares,
se postra a hacer oración.
Fama es que la tribu errante,
si hasta allí llega embebida
en la caza apetecida
de la gama y avestruz,
al ver del ombú gigante
la verdosa cabellera,