La Cautiva
La Cautiva Naciste humilde y oculta
como diamante en la mina;
la belleza peregrina
de tu noble alma quedó.
El desierto la sepulta,
tumba sublime y grandiosa,
do el héroe también reposa
que la gozó y admiró.
El destino de tu vida
fue amar; amor tu delirio,
amor causó tu martirio;
te dio sobrehumano ser;
y amor, en edad florida,
sofocó la pasión tierna
que, omnipotencia, de eterna
trajo consigo al nacer.
Pero no triunfa el olvido,
de amor, ¡oh, bella María!,
que la virgen poesía
corona te forma ya
de ciprés entretejido
con flores que nunca mueren;
y que admiren y veneren
tu nombre y su nombre hará.
Hoy, en la vasta llanura,
inhospitable morada,
que no siempre sosegada