La Cautiva
La Cautiva suelta al potro la carrera
gritando: ¡allà está la cruz!
Y revuelve atrás la vista
como quien huye aterrado,
creyendo se alza el airado,
terrible espectro de Brián.
Pálido, el indio exorcista,
el fatÃdico árbol nombra;
ni a hollar se atreven su sombra
los que de camino van.
También el vulgo asombrado
cuenta que en la noche obscura
suelen en aquella altura
dos luces aparecer;
que salen y habiendo errado
por el desierto tranquilo,
juntas a su triste asilo
vuelven al amanecer.
Quizás mudos habitantes
serán del páramo aerio,
quizás espÃritus, ¡misterio!,
visiones del alma son.
Quizá los sueños brillantes
de la inquieta fantasÃa,
forman coro en la armonÃa
de la invisible creación.