La Cautiva
La Cautiva La marcha y término de todas las pasiones intensas, se realicen o no, es idéntica. Si satisfechas, la eficacia de la fruición las gasta, como el rozo los muelles de una máquina: si burladas se evaporan en votos impotentes o matan; porque el estado verdaderamente apasionado es estado febril y anormal en el cual no puede nuestra frágil naturaleza permanecer mucho tiempo, y que debe necesariamente hacer crisis. De intento usa a menudo de locuciones vulgares y nombra las cosas por su nombre, porque piensa que la poesÃa consiste principalmente en las ideas, y porque no siempre, como aquellas, no logran los circunloquios poner de bulto el objeto ante los ojos. Si esto choca a algunos acostumbrados a la altisonancia de voces y al pomposo follaje de la poesÃa para solo los sentidos, suya será la culpa, puesto que buscan, no lo que cabe en las miras del autor, sino lo que más con su gusto se aviene. Por desgracia esa poesÃa ficticia, hecha toda de hojarasca brillante, que se fatiga por huir del cuerpo al sentido recto y anda siempre como a caza de rodeos y voces campanudas para decir nimiedades tiene muchos partidarios; y ella sin duda ha dado margen a que vulgarmente se crea que la poesÃa exagera y miente. La poesÃa ni miente ni exagera. Solo los oradores gerundios y los poetas sin alma toman el oropel y el rimbombó de las palabras por elocuencia y poesÃa. El poeta, es cierto, no copia sino a veces la realidad tal cual aparece comúnmente a nuestra vista; porque ella se muestra llena de imperfecciones y máculas, y aquesto seria obrar contra el principio fudamental del arte que es representar lo Bello: empero él toma lo natural, lo real, como el alfarero la arcilla, como el escultor el mármol, como el pintor los colores; y con los instrumentos de su arte, lo embellece y artiza conforme a la traza de su ingenio; a imagen y semejanza de las arquétipas concepciones de su inleligencia. La naturaleza y el hombre le ofrecen colores primitivos y que él mezcla y combina en su paleta; figuras bosquejadas, que él coloca en relieve, retoca y caracteriza; arranques instintivos, altas y generosas ideas, que él convierte en simulacros excelsos de inteligencia y libertad, estampando en ellos la más brillante y elevada forma que pueda concebir el humano pensamiento. Ella es como la materia que trasforman sus manos y anima su inspiración. El verdadero poeta idealiza. Idealizar es sustituir a la tosca e imperfecta realidad de la naturaleza, el vivo trasunto de la acabada y sublime realidad que nuestro espÃritu alcanza. La belleza fÃsica y moral, asà concebida, tanto en las ideas y afectos del hombre como en sus afectos, tanto en Dios como en sus magnificas obras, he aquà la inagotable fuente de la poesÃa, el principio y meta del Arte, y la alta esfera en que se mueven sus maravillosas creaciones. Hay otra poesÃa que no se encumbra tanto coma la que primero mencionamos; que más humilde y pedestre viste sencillez prosaica, copia lo vulgar porque no ve lo poético, y a todo su gusto en llevar por únicas galas el verse y la rima. Una y otra se paran y embelesan en la contemplación de la corteza; no buscan el fondo de la poesÃa porque lo desconocen, y jamás, por lo mismo, ni sugieren una idea ni mueven, ni arrebatan. Ambas careciendo de sustancia, son insÃpidas como fruto sin sazón. El público dirá si estas Rimas tienen parentesco inmediato con alguna de ellas.