La Cautiva
La Cautiva La tercera, quinta, sexta, séptima y novena partes (“El puñal”, “El pajonal”, “La espera”, “La quemazón” y “María”) tienen como protagonista a María y en un segundo plano a Brián. En estos pasaje del poema lo narrativo adquiere más dinamismo, pero en constante supeditación a la presencia del paisaje natural. María reúne las cualidades típicas de una heroína romántica. En su figura se exalta el amor que tiene por Brián como una fuerza capaz de lograr la libertad. Ese sentimiento la mueve también a buscar la venganza como forma de recuperar la honra perdida en su cautiverio. El puñal que esgrime es el instrumento, el arma que la ayuda en sus intentos (“que en este acero está escrito/ mi pureza y mi delito/ mi ternura y mi valor”). En “El pajonal” la descripción es más verosímil, aunque predomina una perspectiva subjetiva en función del ánimo de los personajes. Se intensifican los rasgos de idealización de María que aparece como esposa-amante envuelta de un halo asexuado y etéreo (“flor hermosa y delicada”). Esta idealización alcanza su clímax en el canto siguiente, donde María es presentada como el símbolo de un sentimiento: el amor es su corporalidad (“Sin el amor que en sí entraña ¿Qué sería? Frágil caña…”). Se la califica de “criatura celestial’’, no “sujeta a ley humana”. Las fuerzas que mueven a la acción narrativa se pueden resumir aquí en torno al objeto de todo el poema: lograr la libertad, salir de esa región inhóspita. Es María quien salva a su amado Brian y quien con la fuerza de su amor enfrenta a la muerte, y puede superar los obstáculos que la naturaleza le opone. Pero ese objetivo finalmente no se concreta y sobreviene un final trágico. En la parte novena, al morir Brian y al comunicársele que su hijo también ha muerto, no le resta a María otro destino que la soledad y, a su vez, la muerte: ha perdido los objetos que sustentaban su amor, su razón de existir