La Cautiva
La Cautiva Las hogueras entretanto
en la oscuridad flamean,
y a los pintados semblantes
y a las largas cabelleras
de aquellos indios beodos
da su vislumbre siniestra
colorido tan extraño,
traza tan horrible y fea
que parecen del abismo
precita, inmunda ralea,
entregada al torpe gozo
de la sabática fiesta[17].
Todos en silencio escuchan;
una voz entona recia
las heroicas alabanzas,
y los cantos de la guerra:
«Guerra, guerra, y exterminio
al tiránico dominio
del Huinca[18], engañosa paz:
devore el fuego sus ranchos,
que en su vientre los caranchos[19]
ceben el pico voraz”.
Oyó gritos el caudillo,
y en su fogoso tordillo
salió Brián;
pocos eran y él delante
venía, al bruto arrogante