La Cautiva
La Cautiva cual si creyesen ilusas
en las tinieblas confusas
mil espectros divisar.
Ella va, y aun de su sombra,
como el criminal, se asombra;
alza, inclina la cabeza;
pero en un cráneo tropieza
y queda al punto mortal.
Un cuerpo gruñe y resuella,
y se revuelve, mas ella
cobra espíritu y coraje,
y en el pecho del salvaje
clava el agudo puñal.
El indio dormido expira;
y ella veloz se retira
de allí, y anda con más tino
arrostrando del destino
la rigurosa crueldad.
Un instinto poderoso,
un afecto generoso
la impele y guía segura,
como luz de estrella pura,
por aquella oscuridad.
Su corazón de alegría
palpita; lo que quería,
lo que buscaba con ansia
su amorosa vigilancia