La Cautiva
La Cautiva encontró gozosa al fin.
AllÃ, allà está su universo,
de su alma el espejo terso,
su amor, esperanza y vida;
allà contempla embebida
su terrestre serafÃn.
–Brián –dice–, mi Brián querido,
busca durmiendo el olvido;
quizá ni soñando espera
que yo entre gente fiera
le venga a favorecer.
Lleno de heridas, cautivo,
no abate su ánimo altivo
la desgracia, y satisfecho
descansa, como en su lecho,
sin esperar, ni temer.
Sus verdugos, sin embargo,
para hacerle más amargo
de la muerte el pensamiento,
deleitarse en su tormento,
y más su rencor cebar
prolongando su agonÃa,
la vida suya, que es mÃa,
guardaron, cuando triunfantes
hasta los tiernos infantes
osaron despedazar,
arrancándolos del seno