La Cautiva
La Cautiva escapar, y desvalidos,
caminar a pie, y jadeando,
con el hambre y sed luchando,
el cansancio y el dolor?
–SÃ, el anchuroso desierto
más de un abrigo encubierto
ofrece, y la densa niebla,
que el cielo y la tierra puebla,
nuestra fuga ocultará.
Brián, cuando aparezca el dÃa
palpitantes de alegrÃa,
lejos de aquà ya estaremos,
y el alimento hallaremos
que el cielo al infeliz da.
–Tú podrás, querida amiga,
hacer rostro a la fatiga,
mas yo, llagado y herido,
débil, exangüe, abatido,
¿cómo podré resistir?
Huye tú, mujer sublime,
y del oprobio redime
tu vivir predestinado;
deja a Brián infortunado,
solo, en tormentos morir.
–No, no, tú vendrás conmigo,
o pereceré contigo.
De la amada patria nuestra