La Cautiva
La Cautiva alerta estaba, y castigo
le preparaba cruel.
Súbito al trote asomaron
sobre la extendida loma
dos jinetes, como asoma
el astuto cazador;
al pie de ella divisaron
la chusma quieta y dormida,
y volviendo atrás la brida
fueron a dar el clamor
de alarma al campo cristiano.
Pronto en brutos altaneros
un escuadrón de lanceros
trotando allí se acercó,
con acero y lanza en mano;
y en hileras dividido
al indio, no apercibido,
en doble muro encerró.
Entonces, el grito “Cristiano, cristiano”
resuena en el llano,
“Cristiano” repite confuso clamor.
La turba que duerme, despierta turbada,
clamando azorada,
“Cristiano nos cerca, cristiano traidor”.
Niños y mujeres, llenos de conflito,
levantan el grito;
sus almas conturba la tribulación;