La Cautiva
La Cautiva los unos pasmados, al peligro horrendo,
los otros huyendo
corren, gritan, llevan miedo y confusión.
Quien salta al caballo que encontró primero,
quien toma el acero,
quien corre su potro querido a buscar;
mas ya la llanura cruzan desbandadas,
yeguas y manadas,
que el cauto enemigo las hizo espantar.
En trance tan duro los carga el cristiano,
blandiendo en su mano
la terrible lanza que no da cuartel.
Los indios más bravos luchando resisten,
cual fieras embisten;
el brazo sacude la matanza cruel.
El sol aparece; las armas agudas
relucen desnudas;
horrible la muerte se muestra doquier.
En lomos del bruto, la fuerza y coraje,
crece del salvaje,
sin su apoyo, inerme se deja vencer.
Pie a tierra poniendo, la fácil victoria,
que no le da gloria,
prosigue el cristiano lleno de rencor.
Caen luego caciques, soberbios caudillos.
Los fieros cuchillos
degüellan, degüellan, sin sentir horror.