La Cautiva
La Cautiva La tribu es, huyendo leda,
como carnicero lobo,
con los despojos del robo,
no de intrépido lidiar.
Mirad ardiendo la villa,
y degollados, dormidos,
nuestros hermanos queridos
por la mano del infiel.
¡Oh mengua! ¡Oh rabia! ¡Oh mancilla!
Venga mi lanza ligero,
mi caballo parejero,
daré alcance a ese tropel.
Se alzó Brian enajenado,
y su bigote erizado
se mueve; chispean, rojos
como centellas, sus ojos,
que hace el entusiasmo arder;
el rostro y talante fiero,
do resalta con viveza
el valor y la nobleza,
la majestad del guerrero
acostumbrado a vencer.
Pero al punto desfallece.
Ella, atónita, enmudece,
ni halla voz su sentimiento;
en tan solemne momento
flaquea su corazón.