La Cautiva
La Cautiva El sol pálido declina:
en la cercana colina
triscan las gamas y ciervos,
y de caranchos y cuervos
grazna la impura legión,
de cadáveres avara,
cual si muerte presagiara.
Asà la caterva estulta,
vil al heroÃsmo insulta,
que triunfante veneró.
MarÃa tiembla. Él, alzando
la vista al cielo y tomando
con sus manos casi heladas
las de su amiga, adoradas,
a su pecho las llevó.
Y con voz débil la dice:
-Oye, de Dios es arcano,
que más tarde o más temprano
todos debemos morir.
Insensato el que maldice
la ley que a todos iguala;
hoy el término señala
a mi robusto vivir.
ResÃgnate; bien venida
siempre, mi amor, fue la muerte,
para el bravo, para el fuerte,
que a la patria y al honor