La Cautiva
La Cautiva ¡Oh, noche! ¡Oh, fúlgida estrella,
luna solitaria y bella:
sed benignas! El indicio
de vuestro influjo propicio
siquiera una vez mostrad.
Bochornos, cálidos vientos,
inconstantes elementos
preñados de temporales:
apiadaos; fieras fatales,
su desdicha respetad.
Y Tú, ¡oh Dios!, en cuyas manos
de los mÃseros humanos
está el oculto destino,
siquiera un rayo divino
haz a su esperanza ver.
Vacilar de alma sencilla,
que resignada se humilla,
no hagas la fe acrisolada;
susténtala en su jornada,
no la dejes perecer.
¡Adiós, pajonal funesto!
¡Adiós, pajonal amigo!
Se va ella sola. ¡Cuán presto
de su júbilo, testigo,
y su luto fuiste vos!
El sol y la llama impÃa
marchitaron tu ufanÃa;