La Cautiva
La Cautiva pero hoy tumba de un soldado
eres, y asilo sagrado.
¡Pajonal glorioso, adiós!
Gózate; ya no se anidan
en tí las aves parleras,
ni tu agua y sombra convidan
sólo a los brutos y fieras:
soberbio debes estar.
El valor y la hermosura,
ligados por la ternura,
en tí hallaron refrigerio:
de su infortunio el misterio
tú solo puedes contar.
Gózate; votos, ni ardores
de felices amadores,
tu esquividad no turbaron
sino voces que confiaron
a tu silencio su mal.
En la noche tenebrosa,
con los ásperos graznidos
de la legión ominosa,
oirás ayes y gemidos:
¡adiós, triste pajonal!
De ti María se aleja,
y en tus soledades deja
toda su alma. Agradecido,
el depósito querido