Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos Siguieron el saliente que rodeaba un lomo de la montaña y salieron a una gran colina baja con un denso bosque. A Tarzán le pareció un buen terreno de caza y aquí volvió a subirse a los árboles.
Después, Usha, el viento, llevó hasta su olfato un olor conocido: el olor de Horta, el verraco. Allí había carne, y al instante Tarzán se convirtió en la bestia salvaje acechando su presa.
Sin embargo, no había ido muy lejos cuando otros dos olores impregnaron su sensible olfato: el rastro de olor de Numa, el león, y, mezclado con este, el del hombre.
Estos dos rastros de olor podían mezclarse, pero solo por una de dos razones: o el hombre estaba cazando el león, o el león estaba cazando al hombre. Y cuando Tarzán captó el olor de un solo hombre, supuso que el león era el cazador, y por eso atravesó los árboles en la dirección de la que procedía el olor.