Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos —¡Yo, Abdullah Abu Néjm, exhibido como una bestia salvaje! —exclamó el árabe—. ¡Jamás! Krause se encogió de hombros.
—Haz lo que quieras —dijo—, pero no olvides que tienes que comer, y no encontrarás muchos árboles con dátiles en América. Yo te alimentaré hasta que lleguemos allÃ, pero después tendrás que espabilarte.
—¡Perro de nasrany! —masculló el árabe.