Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos —Ya está hecho —dijo Abdullah Abu Néjm.
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Se habÃa levantado viento y el mar estaba revuelto cuando Abdullah vio la señal del Saigón. Maniobró el dhow hasta colocarlo a sotavento del vapor. Hicieron bajar la polea y se apresuraron a subir la jaula que contenÃa al hombre salvaje. Abdullah guiaba la jaula mientras era izada desde el dhow, cuando de pronto el Saigón se apartó de la embarcación más pequeña: la jaula sufrió de repente un fuerte tirón hacia arriba; y Abdullah, temiendo ser lanzado al mar, se agarró a ella. La jaula se estrelló contra el costado del vapor; los hombres que estaban arriba siguieron izando; luego el Saigón retrocedió y se estrelló contra el dhow, hundiéndolo.
Toda la tripulación del dhow desapareció y Abdullah se hallaba a bordo del vapor rumbo a América. Llenó el aire con «¡billahs!» y «¡Hulla-bullash!», e invocó a Alá para que cuidara de él.
—Tienes suerte de estar vivo —le dijo Krause—. Ganarás mucho dinero en América. También te exhibiré a ti, como el jeque que capturó al hombre salvaje; pagarán mucho por ver a un auténtico jeque venido directamente del desierto. Te compraré un camello, y puedes ir montado por las calles con un cartel anunciando el espectáculo.