Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos —Tigre —dijo Crouch—; no cabe duda; he visto demasiadas para confundirme.
—Mal lugar para tropezarse con un tigre —dijo Algy—; yo… —un rugido le interrumpió—. ¡Caray! —exclamó—. Ahà está el tipo.
—¿Dónde? —preguntó Bolton.
—AllÃ, a la izquierda —señaló Crouch.
—No veo nada —dijo Algy.
—Creo que deberÃamos regresar —dijo Bolton—; aquà no tendrÃamos ninguna oportunidad si esa bestia atacara; uno de nosotros seguro que resultarÃa muerto… y tal vez más de uno.
—Creo que tiene razón —convino Crouch—; no me gusta la idea de tener ese tipo entre nosotros y el campamento.
De pronto se oyó el ruido de maleza que era aplastada, a poca distancia de ellos.
—¡Dios mÃo! —exclamó Algy—. ¡Ahà viene! —mientras arrojaba su rifle y se encaramaba a un árbol.
Los otros hombres siguieron el ejemplo de Algy, y no con calma, pues se hallaban apenas fuera de peligro cuando un gran tigre de Bengala irrumpió desde la maleza y salió al sendero. Se quedó unos instantes mirando alrededor y luego vio a los hombres en los árboles y rugió. TenÃa sus terribles ojos verde amarillentos y su rugiente rostro vueltos hacia ellos.