Tarzán y los náufragos
Tarzán y los náufragos —¿Qué tiene ahÃ, mÃster Krause? —preguntó.
—Un hombre salvaje; ¿alguna vez has visto alguno?
—En una ocasión vi a un franchute cuya esposa se habÃa fugado con el chófer —respondió Schmidt—; seguro que era un hombre salvaje.
El marinero habÃa retirado las ataduras y apartó las esteras. En el interior de la jaula se encontraba una figura gigantesca en cuclillas, mirándoles a los ojos.
—¡Vaya, es un hombre blanco! —exclamó la muchacha.
—Asà es —dijo Krause.
—¿Vas a tener a un hombre enjaulado como una bestia? —preguntó Schmidt.
—Solo es blanco por fuera —respondió Krause—; es un inglés.
Schmidt escupió a la jaula. La muchacha pateó el suelo con fuerza, enojada.
—No vuelvas a hacer eso nunca más —dijo.
—¿Qué es para ti? —preguntó Krause—. ¿No me has oÃdo decir que no es más que un sucio cerdo inglés?
—Es un ser humano y un hombre blanco —declaró la muchacha.