Tarzán y los náufragos

Tarzán y los náufragos

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Cuando Itzl Cha recuperó el conocimiento, no abrió los ojos de inmediato. Era consciente de que un brazo la rodeaba, y de que su espalda se apoyaba en un cuerpo humano; pero ¿qué era lo que había causado aquel extraño movimiento, y qué era aquella superficie tosca sobre la que estaban sus piernas desnudas?

Temerosa, Itzl Cha abrió los ojos; pero inmediatamente lanzó un gritó y volvió a cerrarlos. ¡Estaba sentada en la cabeza de aquella terrible bestia que había visto!

El Señor del Bosque estaba sentado detrás de ella, y era su brazo el que la rodeaba, para impedir que cayera al suelo. Los dioses terrenales saltaban de árbol en árbol junto a ellos; parecían estar discutiendo. Todo aquello era demasiado para la pequeña Itzl Cha; en un breve período de una o dos horas, había experimentado toda una vida de emociones y aventuras.

* * *

La tarde iba llegando a su fin. Lum Kip preparaba la cena para los europeos. No era una tarea difícil; había pescado para freír y algunos tubérculos para hervir. La fruta completaba el menú. Lum Kip estaba alegre y feliz; le gustaba trabajar para los diablos extranjeros; le trataban bien y el trabajo no era ni mucho menos tan arduo como cortar leña.


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